lunes, 17 de noviembre de 2008

Documentos del siglo XIX demuestran que sí se tenía conocimiento de la existencia de Machu Picchu antes de la llegada de Hiram Bingham

Mapa que muestra Machu Picchu en el año 1874. Exposición del archivo de Torre Tagle.

En estos días se viene llevando a cabo la muestra "Machu Picchu antes de su divulgación mundial" en el edificio García Bedoya (jirón Lampa 535, Lima) del ministerio de Relaciones Exteriores del Perú.

Esta es la cuarta exposición del año del archivo de Torre Tagle y tiene como meta recalcar que este sitio arqueológico nunca fue una ciudad perdida como se ha difundido erradamente desde la llegada de Hiram Bingham.

Recorrer las vitrinas dedicadas a mapas y documentos en las que se hace referencia al sitio arqueológico antes de la llegada de la expedición de Hiram Bingham da una perspectiva distinta a la habitual sobre la ciudadela Inca. La información que se exhibe cancela el mito popular que habla de Machu Picchu como un lugar del que pocos tenían noticia.

Por ejemplo, se puede apreciar un mapa hecho en la época del Virreinato por el funcionario Pablo Jorge Orcaín sobre el curso del Urubamba. En ese documento, que data de 1801, se describe toda la zona en la que se ubica nuestro actual principal atractivo turístico.

Pero no sólo eso. También se pueden ver mapas y trabajos del italiano Antonio Raimondi y del inglés Clements Markham, dos de los más importantes investigadores extranjeros en el Perú del siglo XIX, que dan cuenta sobre restos prehispánicos encontrados en la zona.

Nunca se perdió

La historiadora Mariana Mould de Pease, quien ha asesorado en esta exposición, comenta que Hiram Bingham no fue, contrario a lo que a veces se piensa, el descubridor de la conocida urbe Inca. "No descubrió Machu Picchu porque nunca se había perdido", puntualiza.

Sin embargo, la especialista no escatima elogios para reconocer la labor que cumplió el expedicionario norteamericano en la difusión mundial del sitio arqueológico. Aunque también hace notar que ya en 1915 la revista Times informaba sobre expediciones de viajeros germanos a la ciudadela previos a Bingham

Un dato interesante que da la investigadora es que a lo largo del tiempo ha recopilado documentación oficial que habla de estas famosas ruinas incaicas. El más antiguo data de la segunda mitad del siglo XVII.

En ese sentido, es interesante ver en esta muestra que incluso en los primeros años de la época republicana hayan existido planes para explotar el sitio arqueológico. Por ejemplo, el alemán Augusto Berns presentó al gobierno proyectos para el uso comercial de los vestigios incaicos pero que no llegaron a concretarse.

La primera vez que aparece el nombre de Machu Picchu en un documento es en un litigio de tierras a fines del siglo XVIII. Una copia del documento se exhibe en la exposición.

Cabe señalar que esta muestra recoge material de la Mapoteca del Archivo de Límites de la Cancillería y de la Biblioteca Nacional y está abierta al público de 9.00 a 13.00 horas. 
Fuente: Agencia Andina de Perú 

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Peruano Juan Diego Flórez es considerado como el mejor tenor del “bel canto” del mundo

Juan Diego Flórez

La más mágica de las expresiones relacionadas con el universo de la ópera, el bel canto, significa literalmente 'bello canto'. La esencia del bel canto llegó a su culmen durante las tres primeras décadas del siglo XIX, con cantantes que poseían una tesitura, una virtuosidad y una expresividad por las que no tardaron en entrar en el mundo de la leyenda. Estos extraordinarios intérpretes eran las 'rockstars' de su época y provocaban el delirio de los espectadores a donde quiera que iban y actuaban.

Por suerte, el bel canto se impone también hoy en los escenarios, sobre todo gracias a la contribución de Juan Diego Flórez. Durante los diez últimos años, el tenor peruano ha seducido a la crítica y al público de todo el mundo gracias a sus proezas técnicas y a una seguridad estilística probablemente equivalentes a las de los mejores tenores que se podían escuchar hace 50 años. Su extraordinaria vocalidad, junto a su irresistible presencia escénica, condujo a los grandes teatros líricos a reponer numerosas obras escasamente interpretadas.

Juan Diego Flórez ha alcanzado una etapa de su carrera en la que puede permitirse el lujo de invitar a eminentes colegas suyos a grabar con él. Este tipo de iniciativa es relativamente habitual en la música popular, pero, en cambio, es raro o, incluso, inédito, entre las estrellas de la ópera de este calibre. Así lo ha hecho para 'Bel Canto Spectacular', su nuevo disco. «Elegí a aquellos a los que quería invitar. Son todos amigos míos con los que ya había actuado antes. Les llamé e intenté convencerlos. No fue fácil hacer coincidir las agendas. De ahí que sea una suerte que hayan podido formar parte de esta aventura».

Esta iniciativa viene a confirmar, por si fuese necesario, la supremacía del tenor peruano en el repertorio. Pero, ¿qué es, para él, el bel canto? «Ante todo, un canto ligado, es decir elegantemente homogéneo. Eso es muy importante. Así como la agilidad y los agudos, que son omnipresentes en el bel canto, sobre todo para el tenor y la soprano. Mucha expresividad, también, porque la orquestación no reúne demasiados efectos dramáticos para apoyarnos. Todo reposa sobre nosotros. Y, por último, la comunicación, el mensaje que hay que hacer pasar».

El bel canto experimentó su apogeo con la música de una virtuosidad extraordinaria de Gioachino Rossini, el estilo elegante y modulado de Vincenzo Bellini y la urgencia teatral de Gaetano Donizetti. Mencionar a estos tres compositores es aludir a los gigantes del bel canto, todos ellos esenciales en la carrera de Flórez. A pesar de que el tenor tienda a subrayar que el término de gigante se le puede aplicar a todo lo que se remonta a la época de las óperas de Haendel.


El bel canto entró en la vida de Flórez en Lima, cuando era un simple estudiante del conservatorio. «Andrés Santa María, el director del Coro Nacional de Perú, era un fan del bel canto y fue él el que me enseñó». Bajo la tutela de Santa María, Flórez descubrió que conseguía con facilidad «hacer evolucionar» su voz a través de las partituras barrocas. Una aptitud que iba a mostrarse crucial para su futuro de cantante. El joven tenor cantó varias óperas belcantistas, mientras era estudiante del Curtis Institute of Music de Filadelfia, pero la auténtica revelación fue su trabajo en 'Il viaggio a Reims' de Rossini en Italia con el tenor Ernesto Palacio. Compatriota peruano, que se convirtió en el mentor más influyente de Flórez, Palacio convirtió a Rossini en su especialidad a lo largo de toda su prestigiosa carrera. «Después de eso —recuerda Flórez— me sentí extraordinariamente cómodo con el estilo belcantista. Él me enseñó a cantarlo con vocales claras y abiertas. Cuando regresé al Curtis para la repetición de Viaggio a Reims, todo el mundo estaba impresionado, porque ya no cantaba como antes. Este encuentro con Ernesto Palacio me ayudó a confirmar que mi repertorio iba a ser el bel canto y, sobre todo, Rossini». Todos los elementos estaban en su sitio para el despegue internacional de Flórez en 1996, a los 23 años, en 'Matilde di Shabran' de Rossini en el Festival de ópera Rossini de Pesaro.

El triunfo conseguido en Pesaro marcó el comienzo de una carrera que ha ido cosechando éxito tras éxito, dado que las reencarnaciones de Flórez abarcan varias de las que están representadas en este disco. Es algo extraordinario, por ejemplo, oírle hacer suyo el estilo enormemente barroco y los espectaculares agudos de Rossini. Pero también le encanta el carácter, que él define como 'legatissimo', de la música de tres óperas de Donizetti, que todavía no interpretó en el escenario: 'Lucrecia Borgia', 'La Favorite' y 'Linda de Chamounis'. Y también disfruta con 'I puritani' de Bellini.

«Cuando se cantan las partituras de Bellini —explica Flórez— se le pone a uno la carne de gallina. Y durante un instante, uno se convierte en su propio público. A menudo, me emociono realmente con ellas, lo cual no deja de ser peligroso. Porque, cuando uno está emocionado, puede resentirlo el canto. Por eso, hay que controlarse».

Está claro que Flórez adora compartir su entusiasmo por este repertorio con artistas capaces de evolucionar a su mismo nivel, como los invitados de este disco: la soprano italiana Patricia Cioli («Dispone de una magnífica delicadez en su voz, es una auténtica cantante de bel canto por su forma de cantar, su ornamentación y su flexibilidad»); la soprano Anna Netrebko («No es sólo una gran cantante, sino también una gran actriz, desborda energía y proporciona mucha credibilidad a todo lo que hace»); la mezo-soprano italiana Daniela Barcellona («Una voz realmente excepcional, amplia pero increíblemente flexible y expresiva»); y el barítono polaco Mariusz Kwieclen («Cuando interpretamos el Don Pasquale en el Met, quedé realmente impresionado por su timbre y por lo coloreada que es su voz»).

Para Flórez, «este disco es realmente un regalo, porque en él se puede encontrar a los mayores artistas actuales, sin hablar de mí mismo. Es extraordinario poder escucharlos a todos en un mismo CD. Me siento orgulloso de cantar en este disco con estos maravillosos cantantes, maravillosos colegas y maravillosos amigos».
ROGER PINES
Fuente: diario El Mundo de España –
www.elmundo.es


martes, 11 de noviembre de 2008

En Perú se encuentra "El Reino de la Coca"



El jefe echa una ojeada al sembrío de coca y observa que comienza a ralear, señal de que su esposa, con el crío a cuestas, su hermana Gema y el ahijado Carlos han trabajado como Dios manda. Al ritmo que llevan, mañana o pasado habrá terminado la cosecha, que este año ha sido mayor de lo que se esperaba. Alirio, flaco y taciturno, da la espalda a la cuadrilla y prosigue su tarea, que consiste en mezclar las hojas en remojo con querosén, hasta que adquieran un tono blancuzco. Es la primera etapa en la preparación de la pasta-base de la que luego se obtiene la cocaína.

La plantación y el laboratorio rústico se encuentran en medio de un bosque de ceibos tropicales. Entre los árboles se divisa el valle de Apurímac con el caudaloso río que lo atraviesa, formando espectaculares caídas de agua o tranquilos remansos. Los sucesivos gobernantes han soñado con transformar esta región del sur del Perú en un paraíso turístico, con hoteles de primera categoría y toda la gama de deportes de aventura que cabe imaginar. Posiblemente, los cerros donde hoy se cultiva la coca formarían parte de un recorrido ecológico si el narcotráfico no hubiera echado raíces en la zona.

Perú produce anualmente 49.000 toneladas de hoja de coca, de las cuales sólo 9.000 se destinan al consumo legal, como antídoto contra la fatiga o el soroche (el mal de las alturas). El último informe de la Oficina de Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (ONUDD) señala que el 57% de los cultivos –unas 25.000 hectáreas- se concentran en Alto Huallaga y en los valles de los ríos Ene y Apurimac, donde la temperatura no baja de los 14 grados centígrados.

Baptiste, un cura francés de la orden de los Franciscanos, es el único afuerino con salvoconducto para internarse selva adentro. Se ganó la confianza de los militares y de los cocaleros luego de negociar la liberación de un grupo de rehenes, en octubre de 2006. Fue entonces cuando comenzó a visitar a las familias como la de Alirio, primero con la idea de prestarles servicios religiosos, y luego, de convencerlos –con mucho tacto- de que sustituyan la coca por otros cultivos. Todos los reciben con grandes muestras de cariño pero, hasta hoy, no ha logrado convertir a ninguno a la fe de plantar palmitos, piña o kivi en vez del alcaloide.

"Ustedes no mencionen al Ejército ni al Gobierno. Al primer signo de hostilidad nos marchamos", advierte el prelado al periodista y al fotógrafo que le acompañan en esta expedición. En el camino nos cruzamos con un par de individuos armados de escopetas. "¿Van de caza?", pregunta el cura. "Eso mismo, padre", responden, y se quitan el sombrero.

Alirio es un hombre de pocas palabras y, cuando habla, su voz es como una sonajera de piedras: el hábito de probar la mezcla —que además de combustible contiene ácido sulfúrico, cal y amonio— le afectó las cuerdas vocales. Lacónicamente explica que nada es tan lucrativo como la coca. Posee 17 hectáreas con un rendimiento de entre 80 y 100 arrobas (11.5 kilos) de hoja de primera calidad. El kilo de pasta base se cotiza en la selva a 370 dólares la unidad. Baptiste calcula que en un año Alirio puede obtener un ingreso de 10.000 dólares. Una fortuna, considerando que con la cría de cerdos y el cultivo de yuca apenas comían. Los narcotraficantes que se encargan de transportar los alijos hasta Brasil, por vía fluvial o aérea, ganan cuatro veces más.

Se sabe que el tráfico está en manos de los remanentes de Sendero Luminoso, pero en el valle nadie menciona al grupo terrorista por su nombre. Se comenta que el Ejército está preparando un gigantesco operativo para acabar con la columna del comandante José, autores de la matanza de 19 civiles y soldados, hace un mes. La extirpación del terrorismo liquidaría el negocio de la droga, pero en los rostros de los cocaleros no se aprecian signos de alarma.

Bajo el mandato de Alejandro Toledo hubo varios intentos de erradicar los cultivos. Los cocaleros bloquearon los caminos, asaltaron cuarteles de Policía y llegaron a tomar la municipalidad de Ayacucho, una de las principales ciudades del sur. Ciertos grupos de derechos humanos y ONG se plegaron a la campaña hasta que Toledo tuvo que desistir. Seguramente, Alirio y los suyos piensan que el actual presidente, Alan García, tampoco se atreverá a desafiar a las 50.000 familias que han prosperado enormemente con la ayuda de esos ingenuos que no aciertan a encontrar el vínculo entre la hoja de cocaína, el narcotráfico y las masacres que cada tanto cometen los senderistas, agitando la bandera de la "revolución permanente".
RAMY WURGAFT
Fuente: diario El Mundo de España


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