lunes, 16 de febrero de 2015

Pedro Lagos "El Cruel" - Arica 1880

Coronel Pedro Lagos Marchant "El Cruel"

Orden del Día: "Hoy no hay prisioneros" La dió el coronel chileno Pedro Lagos antes del asalto del Morro de Arica, defendido por Francisco Bolognesi.

Significaba muerte para todos los oficiales y soldados peruanos que defendían Arica de la invasión chilena.

Bolognesi, no aceptó la rendición porque esperaba la llegada del 2° Ejercito Peruano, pero fue traicionado y éste nunca apareció, debiendo enfrentar en desventaja a las hordas invasoras.

El escritor chileno Molinari describe los resultados de la orden de Lagos:

"Los muertos subieron de mil en el Morro, para que se den cuenta los que estos lean del delirio de matanza que dominó al 4° de Línea" observados con satisfacción por Lagos.

Sobre el degüello generalizado de peruanos ocurrido en Arica, el mismo Molinari describe para sus compatriotas:

"Fue tal y tan espantosa aquella represalia, que el vasto e inmenso recinto del ciudadela se convirtió en humeante poza, charco horrible de sangre humana, y tanto subió el nivel de aquel lago, que el caballo del general en jefe, don Manuel Baquedano, cuando más tarde penetró en aquel mudo y desolado lugar, se perdió en la sangre peruana, hasta los mismos nudillos"

Baquedano después de salir de este pozo de sangre elogió al regimiento 3° autor de la masacre.

Por otro lado, dando cuenta a su gobierno de la captura de Arica, el ministro de los Estados Unidos de América decía:

"Las tropas chilenas se han conducido no como un ejército formalmente organizado por una nación que se llama civilizada, sino como una horda de salvajes errantes, ultimando prisioneros y heridos. En el consulado británico se refugiaron dispersos, los arrastraron hasta la plaza y allí los fusilaron, y después saquearon la casa (consulado inglés). Esto no ha sido guerra, sino una matanza por mayor"

Actualmente Chile celebra todos los años la "heroica" actuación de sus tropas en Arica en 1880. 

Pedro Lagos "El Cruel" es uno de los héroes máximos de Chile.

Perú por su parte ha dejado pasar los años viendo con benevolencia e indolencia, sin reclamos ni quejas, por estas condenables celebraciones por el degüello masivo del ejército de Bolognesi. (Párrafos tomados del libro "La Tragedia del 79" de Afonso Bouroncle Carreón). 

Aparte de Francisco Bolognesi y otros oficiales, los peruanos ni conocen y menos han rendido nunca homenaje póstumo a los soldados mártires que murieron victimados por los chilenos y traicionados por sus propios compatriotas. 

jueves, 12 de febrero de 2015

Los 12 Reyes Incas o Sapa Incas - Territorio y Relación

Mapa del Imperio Inca - 1200 a 1532

Según las leyendas y otras manifestaciones, se considera que del año 1200 al 1532, se sucedieron en el mando del Imperio Inca 13 reyes.

El número, fechas, y nombres de estos grandes hombres, es motivo de discusión porque en el Imperio Inca no se conocía la escritura.

La relación de reyes fue desarrollada por cronistas españoles a base de leyendas orales y otras manifestaciones de la época.

Algunos historiadores solo mencionan a los incas a partir de Pachacutec porque existen evidencias más claras de su existencia.

Sin embargo, siempre se tiene presente que el fundador del Imperio fue Manco Cápac allá por el año 1200.

Esta es la relación admitida:

-Manco Cápac...1200/1230

-Sinchi Roca...1230/1260 

-Lloque Yupanqui...1260/1290

-Mayta Cápac...1290/1310

-Cápac Yupanqui...1310/1350

-Inca Roca...1350/1380

-Yahuar Huaca...1380/1400

-Huiracocha...1400/1438

-Pachacutec...1438/1471

-Tupac Inca Yupanqui...1471/1493

-Huayna Cápac...1493/1525

-Huáscar...1525/1532 - Ultimo rey inca ungido y reconocido o Sapa Inca

-Atahualpa...1532/1532 - Rey de Quito que usurpó el cargo de rey inca

El Imperio Inca no duró 1 siglo como algunos dicen, sino más de 3 siglos en los cuales se expandió, dominó en sudamérica, y gobernó con éxito desde el Cuzco, hasta la llegada de los españoles.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Familia Koepcke: Wilhelm Koepcke, María von Mikulicz-Radecki y Juliane Koepcke

Wilhelm Koepcke y María Von Mikulicz-Radecki

Juliane Koepcke, cuando tenía 17, sobrevivió al impacto de la caída de una nave de la compañía Líneas Aéreas Nacionales SA (LANSA), que sucumbió en medio de una feroz tormenta del trópico. Luego, caminó 11 días por bosques y riachuelos amazónicos, envuelta en un ligero vestido y calzando solo un zapato que resistió el golpe; comiendo solamente una bolsa de caramelos, sufriendo lo inenarrable. 

La encontraron unos madereros al anochecer del 3 de enero de 1972, cuando, según sus propias palabras, plasmadas en su libro "Cuando Caí del Cielo", sentía que estaba muriéndose “literalmente de hambre” y las fuerzas la abandonaban sin remedio. Su coraje, sin embargo, la mantuvo con vida, por encima de esas ventiscas interiores que la mecían de la desesperación a la esperanza. 

La conmoción fue mundial porque, hasta ese momento, no había rastro visible de los pasajeros del trágico vuelo No. 508, que habían partido ilusionados un 24 de diciembre desde la capital peruana hacia Pucallpa, una ciudad de la selva central del país. 

Pronto, se comprobó que Juliane había sido la única sobreviviente de 92 personas que no pudieron llegar al abrazo de Navidad.

Pero lo más importante de la vida de Juliane Koepcke incorpora a su familia, padre y madre, dos admirables científicos alemanes que dejaron todo para asentarse en un sitio remoto y aislado en pleno corazón de la amazonía peruana.

Wilhelm Koepcke, un joven doctor en Biología, había fundado una estación biológica en 1968, cerca de donde luego caería el avión. Lo hizo luego de 18 años de haber llegado al Perú, tras unas peripecias alucinantes que comenzaron cuando, en 1947, mandó una carta a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pidiendo trabajo entusiasmado con la idea de abrir trocha en el estudio de ecosistemas de altísima biodiversidad, como los amazónicos. 

Le contestaron un año después, desde el Museo de Historia Natural Javier Prado de Lima, dependiente de dicha casa de estudios, diciéndole que había una plaza para él. El progenitor de Juliane partió de inmediato con destino a América, desde la Europa de posguerra, en un tiempo en el cual viajar era difícil, “especialmente para ciudadanos alemanes”.

A Wilhelm le tomó dos años llegar a Perú, luego de recorrer –a pie o en autoestop– Austria, Italia, Francia, España; de querer embarcarse, infructuosamente, en Génova y Nápoles; de haberse metido clandestinamente a un barco en la bahía gaditana de San Fernando, y de estar preso en Santa Cruz de Tenerife. Desde allí, tras salir, pudo embarcarse rumbo a Recife, Brasil. De allí todavía tuvo caminar –o recorrer tramos en autobús– hacia Perú, a donde, por fin, arribó el 15 de mayo de 1950. Al padre de Juliane le tomó más de 19 meses llegar desde la ciudad alemana de Kiel a Lima.

La familia, incluyendo a María von Mikulicz-Radecki, madre de Juliane, se instaló primero en Lima y luego en la selva, en Panguana concretamente, una estación biológica que hoy es Área de Conservación Privada (una figura que la legislación peruana permite si se desarrollan labores de conservación) y que debe su nombre a una especie de perdiz (denominada científicamente Crypturellus undularus) avistada por su padre cuando buscaba un lugar para sus sueños. Ocurrió cuando ella tenía 14 años. 

Juliane Koepcke

Ya en 1952, los esposos Koepcke habían descubierto en la sierra central del país, a unos 56 kilómetros de Lima, el Bosque de Zárate, un cuasi mágico reducto de ecosistema andino, ubicado entre los 1.800 y los 3.600 metros sobre el nivel del mar, que actualmente es una Zona Reservada (una categoría de área protegida peruana). 

No sólo eso. María, la madre de Juliane, de profesión ornitóloga, descubrió allí, en 1954, una nueva especie de ave que la Ciencia denomina Zaratornis stresemanni, y que solo vive en la Cordillera Occidental del Perú, según Birdlife International. 

No fueron los únicos hallazgos de los Koepcke, quienes desde que llegaron se movieron entre la sierra, la selva, los bosques. y los ríos. 

Cuando Juliane tuvo edad, comenzaron a llevarla a las expediciones, con su mochilita a cuestas, tal como lo relata en su libro. Fue por eso que conoció el campo desde muy pequeña y que amó a los animales, desde un perro llamado Lobo hasta un páucar llamado Pinxi, que murió a los pocos días de que ella fuera rescatada. Los otros seres vivos nunca estuvieron ausentes en su vida. 

Para Juliane, el cuidado del bosque tuvo, entonces y hoy, enorme importancia. 

Meses después del accidente, volvió a Alemania, a estudiar biología en la Universidad de Kiel siguiendo las huellas familiares. Allí concluyó sus estudios y en 1981 volvió al Perú, a Panguana, a la selva que tanto amaba y en la que había andado corajudamente, premunida de los conocimientos que, desde muy niña, adquirió bajo la sombra generosa de sus progenitores.

Su madre murió en el accidente aéreo y desde 1974, su padre ya no regresó al Perú, pero ella se encargó de mantener viva a Panguana, incluso en los tiempos en que los movimientos terroristas Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru sembraron el terror en la zona. 

La estación logró sobrevivir a esas turbulencias y siguió acogiendo a estudiantes y a investigadores de mariposas, aves, mamíferos. 

Ella misma se convirtió en una especialista en murciélagos, sobre los que hizo su doctorado para la Universidad Ludwig Maximilians de Munich. 

Juliane mantuvo viva también esta lucha en su selva entrañable. 

El paraíso de Panguana tiene hoy 800 hectáreas, gracias a su trabajo y perseverancia, al apoyo de su esposo, Erich Diller, y a la ayuda económica de Margaretha y Siegfried Stocker, propietarios de una panificadora ecológica en Alemania. 

En Panguana la biodiversidad es extraordinaria, solo en el caso de los murciélagos, existen 50 especies de ellos en ese espacio, cuando en toda Europa se cuentan solo 27. 

"Quiero mejorar el conocimiento sobre la estructura del ecosistema amazónico", sostiene, "sobre todo ahora, con el problema del cambio climático". 

Juliane, organiza también viajes para científicos que desean contemplar y estudiar la gran variedad de seres vivos de Panguana: 

-353 especies de aves, 
-300 de hormigas, 
-205 de mariposas, 
-153 de anfibios y reptiles, 
-111 de mamíferos. 
-Por lo menos 30 de peces. 
-Aparte de unas 500 especies de árboles, entre ellos un enorme árbol de lupuna (Ceiba pentandra), de 50 metros de alto, que se alza majestuoso por encima de las cabañas rústicas que conforman el albergue de visitantes. (Datos: diario El País de España)

sábado, 7 de febrero de 2015

Atahualpa Fue Rey de Quito y No es Considerado como Rey Inca

HUASCAR - Ultimo Rey Inca

En el Imperio Inca, Atahualpa siempre fue considerado como un advenedizo o traidor al haber usurpado la posición de Rey Inca que ejercía legalmente Huáscar. Por tal razón nunca fue reconocido como Sapa Inca el verdadero rey.

Atahualpa realizó lo que hoy se conoce como un golpe de estado, pero con una crueldad extrema masacrando y exterminando a la realeza inca y poblaciones enteras. Huáscar muere asesinado por Atahualpa.

A la llegada de los españoles el Imperio Inca estaba completamente dividido y gobernado por Atahualpa el Rey de Quito, que usurpaba el cargo de Rey Inca, algo que rechazaba la mayoría de pobladores.

El curso de los acontecimientos favoreció a los españoles que hubieran tenido un escenario distinto con Huáscar como Rey Inca en Cuzco.

Extracto del Libro Noveno de "Los Cometarios Reales de los Incas" escrito por el Inca Garcilazo de la Vega a fines del siglo XVI:

Empieza el autor narrando las grandezas y magnanimidades de Huayna Cápac, el doceavo soberano inca, quien inició su reinado haciendo una visita general a su imperio. 

Tuvo por entonces un hijo, al que después llamó Huáscar Inca, cuyo nombre, que significa soga o maroma (Huasca).

Huayna Cápac tuvo otro hijo, llamado Atahualpa, quien, según afirma el Inca Garcilaso, nació en Quito, siendo su madre la hija del rey quiteño sometido.

Huayna Cápac decidió darle el Reino de Quito a su hijo Atahualpa, pues era su preferido, y Huáscar, que era el legítimo heredero del Imperio, aceptó la voluntad paterna. 

Huayna Cápac tuvo noticias de los españoles que por entonces recorrían la costa norte del Imperio; también sobre las señales vistas en el cielo que anunciaron por entonces la caída del Imperio Inca y el cambio radical de la forma de la vida andina que se avecinaba. 

Huayna Cápac enfermó y murió, y en su testamento ordenó a sus súbditos que obedecieran a los extranjeros invasores que ya se acercaban, pues éstos eran poderosos e imbatibles, de acuerdo a una profecía antigua, que aseguraba que tal suceso ocurriría tras el duodécimo Inca. 

Una vez muerto Huayna Cápac, reinaron sus dos hijos unos cuatro o cinco años en paz: Huáscar como Sapa Inca y Atahualpa como rey de Quito. 

Sin embargo, Huáscar se dio cuenta del error de su padre de dar a Atahualpa el gobierno de una inmensa provincia del norte, pues así quedaba bloqueada la ampliación de la frontera norte por parte de la casta cuzqueña, pues en el resto de las fronteras se había llegado a límites infranqueables, como el mar, las selva y el territorio al sur del Maule, poblado de salvajes. También entrevió que tal partición del imperio contradecía el mandato del primer inca Manco Cápac, que solo admitía un imperio incaico único. 

Para dar solución al problema, Huáscar invitó a su hermano que fuera al Cuzco para que jurara como su vasallo, en aras de un interés mayor como la unidad del Imperio. 

Atahualpa, simuló acatar la orden, pero pidió permiso para llevar consigo a miles de sus vasallos, a fin de celebrar fastuosamente las exequias de su padre, lo que Huáscar, sin sospechar malicia, aceptó. 

Secretamente, Atahualpa ordenó a sus generales que organizaran batallones y que le siguieran sigilosamente en su marcha al Cuzco; solo cuando ya estaba cerca del Cuzco ordenó a sus tropas que enarbolaran sus insignias y marcharan en orden de batalla contra Huáscar. 

Sus principales maeses de campo eran Challcuchimac y Quisquis; sus tropas superaban los 30.000, mayormente soldados experimentados en las últimas guerras de conquista realizadas por Huayna Cápac. 

Huáscar, sorprendido, convocó a sus tropas pero ya era tarde y solo pudo reunir unos 10.000 de los suyos y otras tropas del Contisuyo, que eran inexpertas, mientras otras con más experiencia y número, las del Collasuyo, tardarían en llegar por su lejanía. 

Hubo una serie de encuentros, hasta que la batalla definitiva se dio cerca del Cuzco, en Quepaypampa, donde los atahualpistas triunfaron, merced a su mayor número y experiencia militar. Aquel campo se conoció después como Yahuarpampa o campo de sangre. 

El mismo Huáscar fue capturado y atado. Atahualpa, por naturaleza sumamente cruel, ordenó una matanza de toda la familia de su hermano, sin respetar niños ni mujeres; se describe la manera espeluznante cómo se cumplió esta orden, aunque algunos de la casta cuzqueña lograron salvarse, entre ellos, según cuenta el Inca Garcilaso, estuvieron su madre y su tío, Isabel Chimpu Ocllo y Francisco Huallpa Túpac Yupanqui, que por entonces eran unos muchachos. 

Pero la ira de Atahualpa se cebó también con los criados de la casa real y poblaciones enteras fueron diezmadas. Otro en salvarse fue el que después sería príncipe Manco Inca, otro de los hijos de Huayna Cápac. 

La crueldad de Atahualpa fue tan extremada que en tiempos de la conquista española todavía los supervivientes de la masacre guardaban odio profundo hacia quien consideraban un inca advenedizo o auca (traidor) y hasta dudaban si en realidad era hijo de Huayna Cápac, ya que su conducta contrastaba con la natural piedad y benevolencia de los antiguos incas. 

Es por ello que el Inca Garcilaso, que tenía también sangre inca, no incluye a Atahualpa en su lista de los reyes incas. (Datos: Wikipedia)

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