El 22 de septiembre de 2026, la presidenta del Perú, Keiko Fujimori, intervino ante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York.
Era su primera participación ante este foro como presidenta de la República y su discurso permitió conocer con mayor precisión cuáles son algunos de los principales asuntos que su Gobierno quiere proyectar ante la comunidad internacional.
Su intervención tuvo tres grandes ejes: seguridad frente al crimen organizado, educación y fortalecimiento de las instituciones democráticas.
Pero hubo un tema claramente dominante: la delincuencia organizada transnacional.
PERÚ Y SU COMPROMISO CON LAS NACIONES UNIDAS
La presidenta comenzó reafirmando el compromiso del Perú con la Carta de las Naciones Unidas y con los tres pilares fundamentales de la organización: seguridad, desarrollo y derechos humanos.
También recordó algunos de los avances económicos conseguidos por el Perú durante las últimas décadas.
Se refirió al crecimiento del Producto Bruto Interno, al fuerte incremento de las exportaciones y a la estabilidad de la moneda peruana.
Sin embargo, reconoció que continúan existiendo problemas estructurales y brechas que dificultan un desarrollo más uniforme y que contribuyen a erosionar la confianza de los ciudadanos en las instituciones democráticas y en sus autoridades.
A partir de allí presentó el que considera uno de los principales desafíos actuales del Perú.
UNA NUEVA CLASE DE AMENAZA
Fujimori recordó que el Perú se encuentra en un continente donde actualmente no existen guerras abiertas entre países.
Pero sostuvo que nuestras sociedades enfrentan otra clase de conflicto.
Se trata de organizaciones criminales transnacionales que han conseguido importantes recursos económicos, capacidad armada y estructuras que funcionan atravesando las fronteras.
La presidenta mencionó concretamente el narcotráfico, la minería ilegal, el contrabando, la trata de personas, la extorsión y el asesinato.
Su planteamiento fue que esta amenaza presenta características diferentes de una guerra convencional.
No existen frentes de batalla claramente definidos, el adversario no utiliza uniforme y las organizaciones criminales pueden ocultarse dentro de las propias sociedades.
Por ello, según Fujimori, combatir este fenómeno exclusivamente como delincuencia común resulta insuficiente.
ORGANIZACIONES CRIMINALES Y TERRORISMO
Aquí apareció uno de los planteamientos centrales de todo el discurso.
La presidenta sostuvo que las organizaciones criminales que emplean el terror deben ser consideradas grupos terroristas y enfrentadas como enemigos del Estado democrático y de los ciudadanos.
Esta definición tiene consecuencias importantes.
Fujimori sostuvo que es necesario identificar jurídicamente la naturaleza de la amenaza y establecer un marco normativo claro que permita responder adecuadamente frente a ella.
También manifestó el respaldo de su Gobierno a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional en la lucha contra la criminalidad.
El planteamiento abre un debate jurídico relevante, porque determinar qué organizaciones pueden recibir legalmente esa clasificación, qué competencias corresponderían a la Policía y cuáles eventualmente a las Fuerzas Armadas depende de la legislación y del marco constitucional peruano.
Por ello, debemos distinguir entre la propuesta política presentada por la presidenta y las normas concretas que finalmente puedan aprobarse para aplicarla.
PERSEGUIR TODA LA ESTRUCTURA DEL CRIMEN
Fujimori introdujo además otra idea importante.
El Estado no debería limitarse a detener al delincuente que ejecuta materialmente un delito.
Debe perseguir también la estructura que permite funcionar a la organización.
Eso significa investigar financiamiento, lavado de dinero, logística, comunicaciones, redes internacionales y otras estructuras que sostienen las actividades ilícitas.
En palabras de la presidenta, el Gobierno pretende perseguir al crimen desde quien ejecuta el delito hasta el entramado que lo sostiene.
El planteamiento responde precisamente a la naturaleza moderna del crimen organizado.
Una organización transnacional puede perder algunos de sus integrantes y continuar funcionando si conserva sus fuentes de financiamiento, sus redes logísticas y su estructura de mando.
LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL
El siguiente componente fue la cooperación entre Estados.
Si las organizaciones criminales atraviesan las fronteras, argumentó Fujimori, los países necesitan coordinar sus respuestas.
En este contexto mencionó la participación peruana en el Compromiso Regional de Santiago y la incorporación del Perú al denominado Escudo de las Américas.
La idea central puede resumirse de manera sencilla:
frente a una amenaza transnacional, la respuesta también debe ser internacional.
LA EXPERIENCIA PERUANA FRENTE AL TERRORISMO
La presidenta relacionó este desafío con la experiencia histórica del Perú frente a Sendero Luminoso y el MRTA.
Recordó que el país consiguió derrotar al terrorismo, pero añadió una afirmación que probablemente continuará siendo objeto de discusión.
Fujimori sostuvo que, más de tres décadas después, personas que participaron en aquella lucha continúan siendo procesadas y expresó críticas respecto del debido proceso en determinados casos.
Aquí conviene hacer una precisión.
Esa fue la posición expresada por la presidenta ante Naciones Unidas.
Las responsabilidades individuales por delitos y violaciones de derechos humanos ocurridos durante el período de violencia han sido objeto de investigaciones, procesos y decisiones judiciales específicas.
Por tanto, esos casos deben analizarse individualmente y no pueden reducirse a una única valoración general.
EL SEGUNDO GRAN DESAFÍO: EDUCACIÓN
El discurso pasó posteriormente al segundo gran eje: la educación.
Fujimori estableció una relación directa entre educación, oportunidades y seguridad.
Su planteamiento fue que combatir el crimen no puede consistir únicamente en perseguir delincuentes.
También es necesario evitar que niños y adolescentes terminen siendo captados por organizaciones criminales.
Por ello presentó la educación como un instrumento de movilidad social y prevención de la violencia.
La presidenta explicó que su Gobierno ha iniciado una reforma que contempla fortalecimiento de la infraestructura educativa, servicios digitales, entrega de materiales y mayores capacidades y medios para los profesores.
Anunció además que uno de los elementos centrales será una Escuela de Formación de Directores, destinada a proporcionar mejores herramientas de gestión a quienes conducen las instituciones educativas.
Fujimori defendió también una mayor participación de los padres en la formación de sus hijos y la recuperación del principio de autoridad dentro de las escuelas.
Al mismo tiempo, cuestionó determinadas agendas ideológicas y culturales que, según su planteamiento, no corresponden a algunas realidades del país.
Este último aspecto constituye una posición política expresada por la presidenta y forma parte de un debate más amplio sobre contenidos educativos, valores, diversidad y papel del Estado.
INSTITUCIONES Y DEMOCRACIA
El tercer gran eje fue el fortalecimiento institucional.
La presidenta defendió el debido proceso, la independencia de las instituciones y el respeto de las libertades individuales.
El problema de fondo es la confianza.
Una democracia necesita elecciones, pero también necesita ciudadanos que confíen en la justicia, en las autoridades y en las instituciones del Estado.
Fujimori reconoció que parte de esa confianza se ha deteriorado y presentó su recuperación como uno de los desafíos del país.
SOBERANÍA Y NACIONES UNIDAS
Hacia el final de su intervención apareció otro asunto importante.
La presidenta defendió la cooperación internacional, pero simultáneamente reivindicó la capacidad de cada sociedad para adoptar democráticamente sus propias decisiones.
También cuestionó lo que describió como agendas impuestas desde el exterior que habrían generado divisiones sociales.
Fujimori expresó su expectativa de que Naciones Unidas actúe con independencia e imparcialidad y continúe siendo un lugar de encuentro capaz de respetar las diferentes realidades y tradiciones de sus Estados miembros.
El mensaje combinó, por tanto, dos conceptos:
cooperación internacional frente a problemas globales y respeto a la soberanía y diversidad de cada país.
TRES GRANDES EJES
Si queremos sintetizar el discurso completo, podemos hacerlo alrededor de tres grandes desafíos.
Primero, seguridad.
El Gobierno considera que determinadas organizaciones criminales transnacionales han alcanzado una capacidad suficientemente grave como para requerir nuevos instrumentos jurídicos y una cooperación internacional mucho más intensa.
Segundo, educación.
Presentada no solamente como política social, sino como instrumento de movilidad social y prevención del reclutamiento de jóvenes por organizaciones criminales.
Y tercero, institucionalidad.
Recuperar la confianza de los ciudadanos, defender el debido proceso y fortalecer las instituciones democráticas.
UNA DISTINCIÓN MUY IMPORTANTE
Durante su permanencia en Nueva York, Keiko Fujimori realizó otras actividades que no deben confundirse con este discurso.
El 21 de septiembre, por ejemplo, mantuvo una reunión con Monica Juma, directora ejecutiva de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.
En ese encuentro se abordaron específicamente cooperación, asistencia técnica y fortalecimiento de las capacidades institucionales peruanas frente a las redes criminales.
Y el 22 de septiembre participó también en una reunión de alto nivel del Escudo de las Américas, en presencia del presidente estadounidense Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio.
En aquella reunión, Fujimori habló específicamente de la incorporación peruana a esa coalición y agradeció la iniciativa estadounidense.
Estas declaraciones pertenecen a una reunión diferente.
Aunque el Escudo de las Américas fue mencionado durante el discurso ante la Asamblea General como ejemplo de cooperación internacional, no debemos mezclar las declaraciones realizadas en ambos escenarios.
CONCLUSIÓN
La primera intervención de Keiko Fujimori como presidenta del Perú ante la Asamblea General dejó una definición bastante clara de las prioridades que su Gobierno desea proyectar internacionalmente.
El crimen organizado transnacional fue el asunto dominante.
La propuesta de considerar terroristas a determinadas organizaciones criminales constituye uno de los planteamientos de mayores consecuencias jurídicas y políticas de la intervención.
Pero el mensaje fue más amplio.
Educación, fortalecimiento institucional, debido proceso, cooperación internacional y soberanía completaron el discurso.
Existe además un hilo conductor entre todos estos elementos.
La seguridad fue presentada no simplemente como una cuestión policial, sino como un desafío que requiere instituciones sólidas, educación, oportunidades para los jóvenes y cooperación entre Estados.
Ese fue, en esencia, el mensaje presentado por el Perú ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 22 de septiembre de 2026.