domingo, 1 de abril de 2007

Caminos de los Incas


En los diversos puntos en los que se asentaron los incas, ellos construyeron varios tramos para constituir un sistema de comunicaciones que derivaban en “el ombligo del mundo”, eso significa en quichua Cuzco.

Conformados por piedras rectangulares de grandes dimensiones, luego de varios siglos, esos trayectos se mantienen intactos, lo que permite que sean atravesados por los amantes de la aventura y -sobre todo- de la historia.

Camino del Inca, sendero por donde incas y cañaris transitaban rumbo a Naranjal. Uno de esos trechos atraviesa lo que ahora es Naranjal. Se trata de una pequeña ciudad de 48 000 habitantes, ubicada a 90 km de Guayaquil. Este lugar es atractivo para los turistas por su clima templado -ya que el poblado está situado entre la Costa y la Sierra-, por sus aguas termales y por sus cascadas. Pero para los incas significaba mucho más que eso. Durante la época precolombina esta ciudad era un campo estratégico para las operaciones militares de la conquista del Reino de Quito y, además, se constituyó como un sitio para sostener la hegemonía inca, según la ‘Recopilación Histórica’ publicada por el gobierno municipal de la ciudad.

También era el lugar de intercambio comercial entre Costa y Sierra, del actual Ecuador, gracias a su estratégica ubicación geográfica, que implica una cercanía a la cordillera Andina y a una de las zonas costeras de mayor riqueza marina, el Golfo de Guayaquil. Eso, en cuanto historia, si se la repasa rápidamente...El Naranjal de hoy, sin embargo, no es ese. Esa importancia histórica se reduce a uno arco gigantesco que da la bienvenida a la ciudad y que tiene grabada la frase: Camino Real del Inca, una obra municipal que se construyó hace tres años, aproximadamente.

Al ingresar a la ciudad actual, los elementos que se definen como atractivos a los visitantes y que constituyen la identidad del lugar hoy en día son los baños termales de los alrededores y los platos hechos con los cangrejos de los manglares de Churute, por mencionar algunos. Otra particularidad: es un sitio indispensable para transitar hacia la provincia de El Oro y de allí a la frontera con Perú.... Ni rastro de los incas.

El visitante inocente y desconocedor de la historia puede despistarse y perderse viendo las imágenes del parque central cercado, con columpios, muy moderno. Solo si se tiene un poco más de perspicacia y se analiza el contexto, haciendo un paneo con la mirada, salta a la vista que a uno de sus lados está la iglesia principal y en otro, la municipalidad. Esta era la disposición habitual en las ciudades que luego fueron colonizadas por los españoles.

Frente al parque, Wilson Cabrera, representante del departamento de Promoción Turística, indica que hay una casa que tiene más de 180 años de existencia, en la que pernoctó Simón Bolívar, quien cruzó por esta ciudad para encontrarse con el general San Martín, en Guayaquil. Pero la casa también pasa casi desapercibida para muchos, pues la heladería que queda a su lado, donde los niños se refrescan luego de jugar en el parque, y las tiendas captan la atención de manera más rápida. En memoria del cruce del Libertador, se erige otro arco. Y uno también por René Meneses, quien escribió el himno de Naranjal.

Hay que hurgar un poco para adentrarse en la historia trascendente del sitio, la que corresponde a su importancia como parte de la ruta del Inca. Desde la secretaría de Turismo de Naranjal se promociona esta ruta que va hacia Molleturo, a casi 80 km de Naranjal. La población más cercana hacia ese punto es Hierba Buena. Este es un pueblo pequeñito. En torno a la iglesia, parque y escuela, las rocas enormes rectangulares son testigos del paso de los incas por Hierba Buena. Por ese mismo trecho por el que se cree que cruzaban los chasquis, ahora los niños de la escuela del pueblo corren y en las áreas verdes de los alrededores, come el ganado, del que se alimenta su gente. Unas niñas se acercan al equipo de este Diario y tras la pregunta de si saben a qué aluden esas piedras, Maribel, de 9 años, contesta que son de la naturaleza y les sirven de camino para ir de una casa a otra. De ahí hasta el tramo que marca la historia relevante de Naranjal, casi no hay habitantes. Son cerca de 4 000 metros de altitud a los que se está, cuando se llega a Molleturo, donde empezaba el descenso de los incas a Naranjal. En ese trayecto, que dura entre cuatro y seis horas, el caminante puede encontrar el puente del Inca, la piedra del sacrificio, la laguna Negra, entre otras estampas.

Luego de las horas de camino, se llega a Naranjal. La ciudad se muestra con una inocencia peculiar, aportada por el maquillaje del urbanismo contemporáneo. Si no se recorre dicho tramo, Naranjal parece un pueblecito más, modesto, pintoresco y con gente muy amable, donde no pasa nada ni pesa ninguna historia. Y su importancia se reduce a su producción de bananos (ahí están las más grandes bananeras del país) y al comercio informal... Para quien se queda con algo más de ‘pica’ por conocer la historia, luego de la conexión a Tambo de Paredones, (Molleturo), desde Naranjal, el trecho seguía hacia Tomebamba (Cuenca). Continúa hacia Cojitambo ( Azogues) y por último terminaba con del Tambo Real de Ingapirca (Cañar). Esta era residencia eventual del Gran Atahualpa, señor del Tahuantinsuyo...

La temperatura media anual es de 20 ºC. A medida que se va hacia Molleturo, para descender por el camino del inca, la temperatura se vuelve cada vez más baja. Naranjal colinda al norte con Yaguachi y Durán. Al sur, con El Oro. Al este, con Cañar y Azuay. Y al Oeste con el Canal de Jambelí Naturaleza Los productos de los que viven los agricultores de la zona son arroz , maíz, banano, cacao y caña de azúcar, principalmente.

1 comentario:

Reyner dijo...

hola muy buena me ha paracido esta pagina pero deberias hablar sobre el peru en eso del salitre y los tributos e impuestos gracias.

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