lunes, 6 de enero de 2014

La Aparición de la Civilización en Perú y Sudamérica

Caral

La aparición de las culturas prehispánicas en Perú se remonta a más de 10 mil 600 años antes de Cristo, así lo demuestra el hallazgo de vestigios de prácticas agrícolas en Yungay, Ancash.

También, es sustento de la antiguedad de estas culturas, la civilización de Caral, la que fue coetánea de otras grandes culturas del mundo como la de China, Egipto, India y Mesopotamia.

El territorio que ocupa Perú, se considera como parte de las zonas geográficas, que fueron cuna de la civilización del mundo por su antigüedad de al menos 5 mil años.

Otras culturas que existieron son la Chavín que prevaleció sobre otras existentes, hasta que decayó su influencia y se incentivó el desarrollo de Estados más amplios en la base de nuevas culturas locales como la Mochica, Lima, Nazca, Wari y Tiahuanaco. 

Con la decadencia de Wari y Tiahuanaco hacia fines del siglo IX se reactivó la producción cultural regionalista como Chimú, con el desarrollo de Estados con el mayor territorio en sudamérica. 

Entre estos Estados destaca el de los incas. En el siglo XV, el Imperio inca anexó todos los pueblos andinos entre los ríos Maule y Ancasmayo, alcanzando un área cercana a los 3 millones de km², zona hoy ocupada por 6 países Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, y Argentina.

Cuando decimos culturas nos referimos a pueblos bien organizados, asentados en una región, hábiles en prácticas agrícolas, textiles, alfarería, metalurgia, construcción, poseedores de una religión, y preparados militarmente para su defensa.

En Sudamérica, solamente en Perú existieron culturas o civilizaciones en épocas remotas, todo el resto del territorio sudamericano estuvo poblado de tribus salvajes, nómades, cazadoras y recolectoras. (datos: wikipedia)

domingo, 29 de diciembre de 2013

Fuerza de Submarinos del Perú

En maniobras: Submarino Peruano y Fragata de Estados Unidos

Perú posee la más importante fuerza de submarinos de Latinoamérica, con seis de los mejores submarinos de origen alemán.

Los submarinos peruanos son: 

.SS31 Angamos
.SS32 Antofogasta 
.SS33 Pisagua 
.SS34 Chipana 
.SS35 Islay 
.SS36 Arica 

Los seis submarinos son de la denominada Clase 209, submarinos de ataque diésel/eléctricos diseñados y fabricados por el consorcio alemán Howaldtswerke Deutsche Werft AG. 

Poseen un desplazamiento de 1,000 toneladas y en inmersión de 1,285 toneladas; una eslora (largo) de 55,9 metros, una manga (ancho) de 6,2 metros y un calado (distancia entre línea y flotación y quilla) de 5,5 metros. 

Están armados con 6 tubos lanzatorpedos y hasta 24 torpedos de 553 mm; llegan a una velocidad de 12 nudos (22,2 km por hora), pudiendo sumergirse hasta una profundidad de 300 metros, llegando sumergido a alcanzar una velocidad de 7 km/h. 

Transportan una tripulación de 8 oficiales y 28 suboficiales y marineros.

El primer sumergible en la historia de la Marina de Guerra del Perú fue concebido por el ingeniero Federico Blume Othon en 1866 y construido en Piura en el año 1879. La guerra del Guano y el Salitre de 1879 paralizó su avance y fue hundido para evitar su captura por el enemigo.

A principios de la década de 1910, Perú ordenó la construcción de dos sumergibles tipo Labeuf en Francia, unidades que antes de la Primera Guerra Mundial sólo poseían las potencias navales. Por ello la tradición submarinista de Perú se inicia cuando el 19 de agosto del año 1911 se recepcionan los sumergibles Ferré y Palacios, nombres que evocan a Diego Ferré Sosa y Enrique Palacios Mendiburu oficiales que sirvieron a bordo del Huáscar y que con su comandante Miguel Grau murieron en el combate de Angamos el 8 de octubre de 1879.


Fuerza de Submarinos del Perú

Los BAP Islay y Arica, submarinos tipo 209 construidos en los astilleros Howaldtswerke Deutsche Werft R. G., de Kiel, Alemania arribaron al Callao en los años 1974 y 1975, constituyendo los primeros buques de su tipo en arribar a nuestras costas de un total de seis que incrementaron la Fuerza de Submarinos. Al iniciarse la década del 80 arribaron dos buques más del tipo 209: BAP Casma y BAP Antofagasta. Finalmente el año 1983 arribaron el BAP Chipana y el BAP Pisagua, completando el número de unidades previsto por la Institución y que constituyen hoy el pilar de esta Fuerza próxima a cumplir 100 años.

Alta preparación y gran experiencia caracterizan a los integrantes de la Fuerza de Submarinos del Perú. Los submarinos peruanos son el más importante poder disuasivo de la Marina de Guerra del Perú.

Personal de primera, equipos de alta calidad en constante proceso de actualización, práctica en combate constante con resultados exitosos, armas de última generación altamente potentes y de gran alcance. La Fuerza de Submarinos es la de mayor nivel y prestigio en Latinoamérica, por ello constantemente vienen a capacitarse a marinos de otros países, que valoran la calidad de los submarinistas peruanos.

Al ser la más importante fuerza en Latinoamérica, los submarinos peruanos son invitados cada año para participar con submarinos nucleares y buques de los Estados Unidos de América, en maniobras de combate.

La Fuerza de Submarinos está conformada por la élite de oficiales y suboficiales de la Marina de Guerra del Perú.

La Fuerza de Submarinos es motivo de reconocimiento y orgullo de todos los peruanos, los que confían plenamente en su poderío y éxito frente a cualquier eventualidad.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Guerra del Guano y el Salitre de 1879: Recordando Traiciones y Heroicidad en Arica

Morro de Arica - Después de la Batalla

La defensa de Arica contaba con poco más de 1600 hombres al mando del coronel Bolognesi. La ciudad era defendida en el mar por el monitor Manco Cápac, al mando del capitán de fragata José Sánchez Lagomarsino.

Bolognesi: Arica. 30 de mayo de 1880. "Esfuerzo inútil. Tacna ocupada por el enemigo. Nada oficial. Arica se sostendrá muchos días y se salvará si Leiva jaquea al enemigo aproximándose a Sama y se une con nosotros".
 
El 1 de junio, el escuadrón Carabineros de Yungay se aproximó a Chacalluta, siendo capturados los ingenieros Teodoro Elmore y Pedro Ureta, después inutilizan el sistema de minas que defendían el morro. Ese mismo día, desertó de las fuerzas peruanas el coronel Agustín Belaúnde, jefe del batallón Cazadores de Piérola, siendo declarado traidor a la patria.

Bolognesi: "Apure Leiva, resistiremos".

El 2 de junio comenzaron a llegar las fuerzas chilenas por ferrocarril, ocupando Chacalluta y el valle de Azapa.

Bolognesi: Arica. 2 de junio de 1880. "Enemigo todas armas trasladadas trenes. Encuéntranse acampados dos leguas esta plaza. Esperamos mañana ataque. Resistiremos".

El 5 de junio, el general Baquedano envió al mayor José de la Cruz Salvo como parlamentario frente a las tropas que defendían Arica para intimar la rendición de la plaza, realizándose el siguiente diálogo:
  • Bolognesi: Le oigo a usted.
  • Salvo: Señor, el General en Jefe del Ejército de Chile, deseoso de evitar un derramamiento inútil de sangre, después de haber vencido en Tacna al grueso del Ejército aliado, me envía a pedir la rendición de esta plaza, cuyos recursos en hombres, víveres y municiones conocemos.
  • Bolognesi: Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho.
  • Salvo: Entonces está cumplida mi misión. 

Bolognesi: "Apure Leiva"

En la tarde del 6 de junio, el coronel chileno Pedro Lagos envió al ingeniero peruano Teodoro Elmore, quien estaba prisionero, para que hablara con el coronel Bolognesi y pedirle la rendición. Bolognesi descalificó a Elmore como parlamentario. Elmore regresó al campamento chileno a las 23.

El capitán de fragata José Luis Sánchez Lagomarsino, comandante del monitor Manco Cápac, para evitar que su buque cayera en manos chilenas, lo echó a pique cerca de la isla del Alacrán, terminando de hundirse a las 8:42.

En el morro, el coronel Bolognesi intentó hacer volar las minas, pero estando saboteado,  el mecanismo no funcionó.

Los artilleros de la batería baja del morro se retiraron a la cima, haciendo volar uno de sus cañones. Fue en ese momento de la lucha en el morro que murieron el teniente coronel Ramón Zavala, jefe del batallón Tarapacá Nº 23, y el teniente coronel Benigno Cornejo, segundo jefe de ese batallón, quedando herido en un brazo el teniente coronel Roque Sáenz Peña. Luego murieron, cuando estaban reunidos los oficiales y jefes peruanos, el coronel Bolognesi, comandante general de Arica y el capitán de navío Juan Guillermo Moore, jefe de las baterías del Morro. El coronel Alfonso Ugarte, comandante general de la 8.ª división peruana, tomó el pabellón peruano y se lanzó sobre el precipicio. Los peruanos lograron hacer volar dos cañones Parrott de las baterías del Morro y en el asta murió el sargento mayor Armando Blondel.

Finalmente, los chilenos toman el morro, muere su comandante, el teniente coronel Juan José San Martín.

Soldado chileno Alberto del Solar. Diario de campaña: "La plaza fuerte de Arica, último baluarte peruano, con su morro colosal y sus minas de dinamita, sus baterías flotantes y todo el material del ferrocarril cayeron, como Tacna, en nuestro poder, después de una reñidísima refriega en que la guarnición, compuesta de más de dos mil hombres, la división del coronel Bolognesi, se decidió a sucumbir antes que rendirse".

Tras el combate, las fuerzas chilenas ocuparon la plaza. Soldados chilenos dispersos asesinaron a numerosos prisioneros peruanos a las puertas de la iglesia de la ciudad y cometieron destrozos y saqueos. Entre las víctimas civiles estuvo el comerciante italiano Santiago Carniglia asesinado en su tienda. Asimismo, más de 300 cadáveres de combatientes peruanos fueron arrojados al mar desde la cima del morro.

La lancha torpedera Alianza logró escapar al norte. La lancha fue perseguida por los buques chilenos Cochrane y Loa, hasta que la tripulación de la lancha varó su embarcación y la hizo volar en cabo Picata por la tarde.

Según el parte del general Baquedano, las bajas chilenas en la batalla fueron 475 muertos y heridos, mientras que las peruanas ascendieron a 700 muertos y 1328 prisioneros (entre estos últimos, los heridos).

Sin embargo, la relación nominal de prisioneros peruanos tras la batalla ascendió a 766 hombres, entre los cuales se incluye a los 127 tripulantes del monitor Manco Cápac, siendo que los prisioneros de la guarnición serían tan solo 639 sobre un total de 1901. Basándose en otras publicaciones chilenas de la época, el historiador chileno Sergio Villalobos señala que los prisioneros peruanos en Arica fueron aproximadamente 700 individuos, cifra que se aproxima a la relación nominal de estos y que contradice lo expresado por Baquedano.

Según el corresponsal del diario chileno "El carro rápido", los peruanos tuvieron 900 muertos y 200 heridos, siendo la proporción entre estos mucho mayor a la de las bajas chilenas. Finalmente, según publicación del Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, las bajas peruanas pueden considerarse aproximadamente en 900 muertos, 200 heridos y 700 prisioneros. (Datos: Wikipedia)

¿Y el coronel Segundo Leyva? ¿Y el II Ejército del Sur?

 Así lo describieron a Leiva: "Nada hizo sino huir, sin que nadie le persiguiera, al saber el descalabro de Tacna y perder en su fuga más de la mitad de la fuerza". Calificativos muy duros y que jamás fueron corregidos porque las evidencias impidieron hacerlo. 

Se debe tener presente que tardó de 25 a 30 días en trasladarse desde Arequipa al punto máximo de aproximación a las fuerzas de Tacna que fue la "Cuesta del Bronce", pero de ese lugar retornó a su punto de partida y "sin que nadie le persiguiera", en solo 14 días. 

Bolognesi fue la víctima de Leiva, a quién esperó hasta el último momento.

Si Leiva llegaba, el ataque en pinza hubiera resultado y la historia sería otra. Los chilenos hubieran sido derrotados en Tacna o en Arica.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Francisco Pizarro Lloró la Muerte del Inca Atahualpa



Monumento a Atahualpa en el Palacio Real de España

A la muerte del Inca Huayna Cápac se entabló una feroz lucha entre sus 2 hijos, Atahualpa y Huáscar, quedando el territorio andino prácticamente asolado. Habiendo recién vencido Atahualpa, llega Francisco Pizarro con ciento ochenta hombres y tras una confrontación, usando armas que desconocía el ejercito de Atahualpa, lo derrota y encarcela al Inca en Cajamarca.

Durante ocho meses Atahualpa llevó plata y oro a dos aposentos para conseguir su libertad. Aunque encarcelado, tenía cerca a sus mujeres y servidores, convivía con los españoles: comía y jugaba a cartas o dados con Pizarro; de ahí que surgiera amistad entre ellos. Pero los aposentos no se llenaban y los soldados recién llegados, especialmente de Diego de Almagro, estaban descontentos; decían que el Inca se preparaba para matarlos.

Un día dos indígenas dijeron que venían huyendo de su ejército, que estaba a tres leguas, y que en poco tiempo les atacarían alrededor de cincuenta mil guerreros. Los cronistas presentes confirman aquel hecho; solamente Cieza, Betanzos y Pedro Pizarro, que no se hallaban, lo achacan a un bulo del indio Felipillo.

Pizarro sabía que si les atacaban, perecerían todos. Sus capitanes decían que sólo se podrían salvar si Atahualpa moría, pero él dudaba porque le apreciaba; seguramente sopesó enviarle a España, mas no había tiempo, dado que los guerreros se hallaban muy cerca de la ciudad. En tan dramáticos momentos, presionado por sus hombres, tuvo que tomar la decisión de entablarle un proceso.

Atahualpa fue juzgado y condenado a morir y al día siguiente se ejecutó la sentencia. Sobre las siete de la noche le sacaron de sus aposentos para conducirle a la plaza. Por el camino preguntó que por qué le mataban y le dijeron que por haber mandado su ejército sobre Cajamarca. Respondió que aquel ejército pertenecía a su hermano Huáscar y que los hombres que lo integraban eran enemigos suyos, pero aquella explicación no sirvió de nada y continuaron llevándole hacia el lugar de la ejecución.

Comprendiendo que le iban a matar dijo «… Que si lo hacían por oro o plata, que él daría dos tantos de lo que había mandado»; tampoco sirvió de nada. Pizarro no había tenido más remedio que ordenar la ejecución, aún en contra de su voluntad, por eso el cronista sigue diciendo: «Yo vide llorar al marqués de pesar por no podelle dar la vida…»; a sus cincuenta y cuatro años, el soldado curtido en tantas batallas, lloraba de dolor por tener que ejecutar a quien había llegado a ser su amigo. (Datos: ABC)

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