Cultura e Historia de Perú

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lunes, 17 de noviembre de 2014

Bandos en Lucha por la Captura del Virreinato del Perú

Fernando VII

En el año 1820 España entra en una crisis política por la sujeción del rey Fernando VII, y la restauración de la Constitución Liberal, apoyada por el general Rafael de Riego, quien subleva la expedición de 20 mil soldados destinados al Río de la Plata para auxiliar a los realistas de América. 

Esto acaba para siempre con las expediciones de refuerzos de España, que desde entonces no se aprestaron para ningún lugar de América. 

En septiembre de 1820, José de San Martín y su ejercito desembarcan en la bahía de Pisco, en el Virreinato del Perú.

En Perú, el virrey Pezuela queda desacreditado y debilitado por la expedición a Lima de José de San Martín. 

El virrey absolutista es derrocado finalmente por el general José de la Serna el 29 de enero de 1821 en el golpe militar de Aznapuquio, quien proclama su adhesión a la Constitución liberal española, siendo luego reconocido como Virrey.

El 28 de julio de 1821, José de San Martín proclama la independencia de Perú. Recibe luego el nombramiento de Protector del Perú con autoridad civil y militar.

Entre los días 26 y 27 de julio de 1822 se realiza la Entrevista de Guayaquil, donde se reúnen San Martín y Bolívar, teniendo como tema principal la liberación del Perú, principal baluarte realista en Sudamérica. 


Tras una conversación privada, cuyo contenido no se conoce, cedió a Bolívar la iniciativa y conclusión de la campaña libertadora. 

El Gobierno de José de San Martín duró desde el 3 de agosto de 1821 hasta el 20 de septiembre de 1822.

El congreso creado por San Martín designa una Junta de Gobierno. Posteriormente cesa a esta Junta y designa a José Bernardo de tagle - Marqués de Torre Tagle, como primer presidente de Perú. Luego por presión militar designa casi enmediatamente a José de la Riva Agüero y Sanchez Boquete como Presidente de Perú. Esto genera una disputa por el poder que termina con el apresamiento y deportación de Riva Agüero. Mientras tanto el marqués de Torre Tagle queda como figura decorativa frente a Simón Bolivar.

Los independentistas comenzaron en Cerro de Pasco una prometedora campaña para derrotar al Ejército Real del Perú mandado por el virrey La Serna. 

Pero los realistas, bajo una sólida subordinación militar, destruyen sucesivos ejércitos independentistas. 

El primero en la Batalla de Ica, comandado por los patriotas Domingo Tristán y Agustín Gamarra. Un año después en las campañas de Torata y Moquegua aniquilan a la Expedición Libertadora dirigida por Rudecindo Alvarado. 

El año 1823 termina con la inesperada destrucción de otro ejército patriota comandado por Andrés de Santa Cruz y Agustín Gamarra, en otra campaña abierta sobre Puno, que comenzó con la batalla de Zepita, que ocupó la ciudad de La Paz el 8 de agosto, consiguiendo llegar a Oruro en el Alto Perú. 

El virrey La Serna termina la campaña de Zepita desbandando a las tropas aisladas de Santa Cruz y recuperando Arequipa tras batir a Antonio José de Sucre, quien reembarcó a los colombianos el 10 de octubre de 1823, salvándose con sus tropas pero perdiendo lo mejor de su caballería. 

Finalmente, lo que restaba de optimismo se apagaba por las acusaciones de traición contra los presidentes peruanos José de la Riva Agüero y José Bernardo de Tagle. 

Riva Agüero deportó diputados del Congreso del Perú y organizó un congreso paralelo en Trujillo, y luego de ser declarado reo de alta traición por el Congreso del Perú fue desterrado.

Por otro lado, José Bernardo de Tagle, Marqués de Torre Tagle, buscaba firmar una paz sin batallas con el virrey La Serna, para lo cual fue a entrevistarse con los realistas. 

Este acto fue considerado por Simón Bolívar como traición. 

José Bernardo de Tagle encontró refugio con los realistas en la asediada fortaleza de El Callao. 

En Argentina las cosas no marchaban bien, el historiador Rufino Blanco Fombona dice "Todavía en 1824 Bernardino Rivadavia pacta con los españoles, estorbando así la campaña de Ayacucho":

El 4 de julio de 1823, Buenos Aires concluyó una tregua con los comisionados españoles (Convención Preliminar de Paz (1823) que le obligaba a mandar negociadores a los demás gobiernos sudamericanos para que pueda tener efecto la misma.

Se estipulaba que las hostilidades cesarían 60 días después de su ratificación y subsistiría durante un año y medio, mientras se negociaría un tratado definitivo de paz y amistad. 

Con este motivo se reunieron en la ciudad de Salta Juan Gregorio de Las Heras con el brigadier Baldomero Espartero, sin alcanzar acuerdo alguno. 

El 10 de enero de 1824 se le ordenó a Olañeta: Advierto a V.E. que no debe disponer ninguna expedición en dirección alguna sobre las provincias sin expresa orden mía pues además de que en Salta están reunidos para tratar de negociar, el General Las Heras por parte del Gobierno de Buenos Aires y el Brigadier Espartero por la de este superior Gobierno. 

Rivadavia creía que el proyecto establecería la paz y paralizó el esfuerzo de las autoridades de Salta sobre el Alto Perú, negando auxilios y retirando los puestos avanzados, dañando la causa del Perú. 

Al respecto, el historiador y militar de origen irlandés Daniel Florencio O'Leary opinó que con esa tregua "Buenos Aires se ha retirado implícitamente de la contienda", y que "el Gobierno de Buenos Aires pacta con los españoles, con perjuicio de la causa americana".

El 1 de enero de 1824 Bolívar cae gravemente enfermo en Pativilca. En esas fechas llegó a Lima Félix Álzaga, ministro plenipotenciario de las Provincias Unidas del Río de la Plata para solicitar al Perú su adhesión a la tregua la que fue rechazada por el Congreso Peruano. 

Al comenzar el año 1824, todo el ejército realista del Alto Perú se sublevó junto al caudillo absolutista español Pedro Antonio Olañeta contra el Virrey del Perú, tras saberse que en España había caído el gobierno Constitucional. 

Efectivamente, el monarca Fernando VII de España y sus partidarios absolutistas, recuperaban el gobierno apoyados por 132 mil soldados franceses del ejército de la Santa Alianza, que ocupará España hasta 1830. 

Rafael del Riego muere ahorcado el 7 de noviembre de 1823 y los propulsores del movimiento liberal son ajusticiados, marginados o exiliados de España. 

El 1 de octubre de 1823 el monarca decreta la abolición de todo lo aprobado durante los tres años de gobierno constitucional, lo que anulaba el nombramiento de La Serna como Virrey del Perú. El alcance de la purga sobre los constitucionales del Virreinato del Perú parecía infalible.

El 4 de febrero de 1824 se subleva el acuartelamiento del Callao compuesto por el total de la infantería argentina de la Expedición Libertadora, junto con algunos chilenos, peruanos y colombianos: cerca de 2 mil hombres, que además se pasaron a los realistas, enarbolando el pabellón español y entregando las fortalezas del Callao. 

El regimiento de granaderos a caballo de los Andes también se amotinó en Lurín el 14 de febrero, dos escuadrones se dirigieron al Callao para unirse a sublevados, pero al saber que se habían pasado a los realistas, un centenar de ellos con los jefes del regimiento se dirigieron a Lima para unirse a Bolívar.

El Sitio de El Callao prolongó la guerra hasta 1826, además inmediatamente desembocó en la ocupación de Lima por Canterac, y se afirma que en mayo de 1824 con una acción militar contra Bolívar "habrían dado el último golpe a la independencia de esta parte de América".

Bolívar, en comunicación con Olañeta, aprovechó el desmontaje del aparato defensivo realista para "movernos en todo el mes de mayo contra Jauja", y enfrentarse a José de Canterac aislado en Junín el 6 de agosto de 1824. 

Dio comienzo entonces una incesante persecución con la consecuente deserción de 2.700 realistas, que seguidamente engrosaban las filas independientes. Finalmente el 7 de octubre de 1824, con sus tropas a las puertas del Cuzco, Bolívar entregó al general Sucre el mando del nuevo frente de batalla, que recorría el curso del río Apurímac, y se retiró a Lima para tomar de la capital más empréstitos para sostener la guerra en el Perú, y recibir una división colombiana de 4.000 hombres despachada por Páez que no llegaría sino después de Ayacucho. 

La desintegración del cuerpo de observación de Canterac obligó a La Serna a llevar desde Potosí a Jerónimo Valdés, quien acudió a marchas forzadas con sus soldados. Reunidos los generales realistas, y a pesar de las muestras de sincera adhesión del Cusco, el virrey descartó un asalto directo por la falta de instrucción de sus milicias, aumentadas mediante reclutas masivas obligatorias de campesinos unas semanas antes. Por el contrario intentó cortar la retaguardia de Sucre a través de maniobras de marchas y contramarchas, que se sucedieron desde el Cusco hasta el encuentro en Ayacucho, a lo largo de la cordillera andina. 

De esta forma, los realistas buscaron un golpe de mano que obtuvieron el 3 de diciembre en la batalla de Corpahuaico o Matará, donde a costa de tan solo 30 hombres ocasionaron al ejército libertador más de 500 bajas y la perdida de buena parte del parque y la artillería. Pero Sucre y su estado mayor lograron mantener la organización de la tropa e impidieron al virrey explotar ese éxito local. Aún a costa de sensibles pérdidas en hombres y material Sucre mantuvo al Ejército Unido en repliegue ordenado, y siempre situado en posiciones aseguradas, de difícil acceso como el campo de Quinoa. 

In the service of the Republic of Peru del general Guillermo Miller, éste ofrece la visión de los independentistas. El Ejército Independentista se nutrió de buena parte de la experiencia militar del siglo: el batallón Rifles del ejército de Colombia, el que se encontraba compuesto por tropas mercenarias europeas, que en su mayoría eran voluntarios británicos

También se encontraban entre sus filas veteranos de la Independencia española, norteamericana, y Guerras de Independencia Hispanoamericana hasta casos como el del mayor de origen alemán Carlos Sowersby, veterano de la batalla de Borodino contra Napoleón Bonaparte en Rusia

Por la extrema dureza de las condiciones de una campaña en la cordillera andina, ambos ejércitos quedaron con el número de sus tropas seriamente reducidas por enfermedad y deserción, y que igualmente se focalizó en milicias carentes de instrucción militar o la recluta formada de prisioneros enemigos. 

Los jefes realistas habíanse posicionado en las alturas del cerro Condorcunca (en quechua: cuello de condor), una buena posición defensiva que no podían sostener dado que en menos de cinco días se verían obligados a retirarse por la hambruna de la tropa, lo que equivalía a la dispersión de su ejército y una segura derrota por la próxima llegada de refuerzos de Colombia, motivo por el cual se vieron impulsados a tomar una decisión desesperada: la batalla de Ayacucho daba comienzo. 

El número de soldados naturales de España que combatieron en Ayacucho ha sido acotado por los mismos testimonios posteriores a la contienda. En el año 1824 los europeos combatiendo en todo el virreinato ascendían a 1.500 según el brigadier García Camba, mientras que según el comisario regio Diego Cónsul Jove Lacomme el número total de europeos era de 1.200, y de los que solo 39 hombres formaban en la división del Alto Perú.

Para el 9 de diciembre, día en que se libró la batalla de Ayacucho, y de acuerdo a publicaciones posteriores, los europeos en el ejército del virrey aproximadamente eran 500 hombres según García Camba, mientras que Bulnes cita 900 "desde el virrey al último corneta", apoyándose en el diario del capitán Bernardo F. Escudero y Reguera, oficial del Estado Mayor de Valdés. Pero el testimonio del general Jerónimo Valdés le refuta corroborando la cifra de 500 hombres "de soldado a jefe". Del número referido de prisioneros realistas capturados tras la batalla de Ayacucho, 1.512 eran americanos, mientras que 751 eran españoles, con lo que se deduce que el número de combatientes peninsulares al mando del virrey La Serna puede estar en torno a esa cifra.

La Batalla de Ayacucho fue el último gran enfrentamiento dentro de las campañas terrestres de las guerras de independencia hispanoamericanas (1809-1826) y significó el final definitivo del dominio colonial español en América del sur. 

La batalla se desarrolló en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824. 

La victoria de los independentistas supuso la desaparición del contingente militar realista más importante que seguía en pie, sellando la independencia del Perú con una capitulación militar que puso fin al Virreinato del Perú. 

La capitulación de Ayacucho

"Don José Canterac, teniente general de los reales ejércitos de S. M. C., encargado del mando superior del Perú por haber sido herido y prisionero en la batalla de este día el excelentísimo señor virrey don José de La Serna, habiendo oído a los señores generales y jefes que se reunieron después que, el ejército español, llenando en todos sentidos cuanto ha exigido la reputación de sus armas en la sangrienta jornada de Ayacucho y en toda la guerra del Perú, ha tenido que ceder el campo a las tropas independientes; y debiendo conciliar a un tiempo el honor a los restos de estas fuerzas, con la disminución de los males del país, he creído conveniente proponer y ajustar con el señor general de división de la República de Colombia, Antonio José de Sucre, comandante en jefe del ejército unido libertador del Perú". 

Es el tratado firmado por el jefe de estado mayor realista, Canterac, y el general Sucre al concluir la batalla de Ayacucho, el mismo 9 de diciembre de 1824. 

Sus principales consecuencias fueron varias: 

-El ejército realista bajo el mando del virrey La Serna renunciaba a seguir la lucha. 

-La permanencia de los últimos soldados realistas en las fortalezas del Callao. 

-La República del Perú debió saldar la deuda económica y política a los países que contribuyeron militarmente a su independencia

Bolívar convocó desde Lima al Congreso de Panamá, el 7 de diciembre, para la unidad de los nuevos países independientes. El proyecto fue ratificado únicamente por la Gran Colombia. Cuatro años más tarde la Gran Colombia, a causa del deseo personal de muchos de sus generales y de la ausencia de una visión unitaria, terminaría dividiéndose en las naciones que forman actualmente. 

La capitulación de Ayacucho, ha sido llamada por el historiador español Juan Carlos Losada como “la traición de Ayacucho” y en su obra Batallas decisivas de la Historia de España (Ed. Aguilar, 2004), afirma que el resultado de la batalla estaba pactado de antemano. 

El historiador señala a Juan Antonio Monet como el encargado del acuerdo: “los protagonistas guardaron siempre un escrupuloso pacto de silencio y, por tanto, sólo podemos especular, aunque con poco riesgo de equivocarnos” (Pág. 254). 

Una capitulación sin batalla se habría juzgado indudablemente como traición. Los jefes españoles, de ideas liberales, y acusados de pertenecer a la masonería al igual que otros líderes militares independentistas, no siempre compartían las ideas del rey español Fernando VII, monarca considerado tiránico además de ser firme sostenedor del absolutismo. 

Por el contrario el comandante español Andrés García Camba refiere en sus memorias cómo, los oficiales españoles apodados más tarde “ayacuchos”, fueron injustamente acusados a su llegada a España: “señores, con aquello se perdió masónicamente” se les dijo acusatoriamente, -“Aquello se perdió, mi general, como se pierden las batallas”, respondieron los veteranos de la batalla. 

El 4 de diciembre de 1836 el parlamento español autoriza a sus gobiernos para que, no obstante los artículos de la Constitución promulgada en Cádiz en el año de 1812, puedan concluir tratados de paz y amistad con todos los nuevos estados de la América española, sobre la base del reconocimiento de su independencia, y renuncia de todo derecho territorial ó de soberanía. 

España no renunció formalmente a la soberanía de sus posesiones continentales americanas hasta 1836. Debido a distintos desencuentros España firma el tratado con Perú recién el 14 de agosto de 1879 mediante la firma en París del Tratado de Paz y Amistad España-Perú, por parte de España lo hace el Marqués de Molíns y Mariano Roca de Togores, y por el Perú, Juan Mariano de Goyeneche y Gamio, Conde de Guaqui.

España envía como su primer embajador en Lima a Emilio de Ojeda. (Datos: Wikipedia y otras fuentes)

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