Cultura e Historia de Perú

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martes, 29 de marzo de 2016

Una Carta Tenebrosa Sobre el Tratado de Ancón de 1883

Territorios peruanos anexados por Chile según el Tratado de Ancón

El Tratado de Ancón fue firmado por Perú y Chile el 20 de octubre de 1883, en Lima, la capital peruana. 

El tratado, con extremos beneficios para Chile, restableció la paz entre los dos países al final de su participación en la Guerra del Guano y el Salitre de 1879.

Fue firmado por el gobierno peruano que presidía el general EP Miguel Iglesias y el gobierno de Chile.

Bajo las desbalanceadas condiciones del tratado, Chile logró «perpetua e incondicionalmente» el dominio sobre el departamento peruano de Tarapacá y la ocupación «durante el término de diez años» de las provincias de Tacna y Arica. Expirado ese periodo, se organizaría un plebiscito (que nunca se realizó) para determinar la nacionalidad de éstas localidades y otras concesiones.

Nadie comprende que hizo cambiar abruptamente a Iglesias. El 13 de julio peleó ferozmente contra los chilenos en la Batalla de San Pablo y repentinamente el 16 del mismo mes lanzó su proclama pidiendo la paz a Chile.

En la obra de J. Guerrero "La Guerra de las Ocasiones Perdidas", hay una carta que cobra especial significado para comprender cómo se llegó al entreguista Tratado de Ancón, sobre todo cuando las fuerzas de la resistencia peruana con Cáceres y Montero a la cabeza estaban derrotando al enemigo.

Este es el texto de la carta que aparece en el libro "La Tragedia del 79" escrito por Alfonso Bouroncle Carreón (pag 195):

"Cajamarca, 4 de noviembre de 1955

Señor
Julio C. Guerrero
Ciudad

Mi estimado amigo Julio:

Contestando su carta de 20 de octubre anterior, he buscado mis libretas de apuntes y, efectivamente, he encontrado los ligeros datos referentes a mis conversaciones tenidas con el coronel señor Novoa, en la ciudad de Tupiza, Bolivia, emn el mes de octubre de 1907, en uno de mis viajes de exploración minera que yo hacía por cuenta de la compañía Minera Collahuasi, (con su oficina principal en Iquique). Trabamos amistad en el hotel donde nos alojábamos, y nos reconocimos como parientes.

"Parientito" -díjome en una de nuestras amigables charlas-: cuando vaya V. a Santiago le mostraré un recibito de puño y letra de un tal Mariano Castro Zaldivar, que creo que fue uno de los negociadores del Tratado de Ancón; y en el que consta haber recibido de mi padre, Jovino Novoa, la suma de 1 millón de pesos chilenos. Mi padre debía entregar ese recibito al presidente Sr. Santa María, pero le suplicó a este que le permitiera conservarlo en su poder, por habérselo prometido así a Castro Zaldivar. Nosotros guardamos dicho recibo junto con otros documentos de mi padre, como prenda familiar.

Como el ingeniero boliviano, señor Quintín Aramayo, era técnico de nuestra compañía, estuvo presente en esa conversación, allí en Tupiza.

Por supuesto que hicimos acres comentarios y apreciaciones sobre los fines a que era dedicado ese dinero y los motivos de guardar en secreto el recibo.

Cumplo así tu pedido proporcionándote el dato relativo a mi conversación con el sr. coronel chileno Novoa.

Y te saluda muy afectuosamente tu amigo

Ciro Novoa Malca"

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