
Un grupo de niños y jóvenes intenta domesticar el mar. Arremolinados, cada uno con su tabla, desde la costa parecen una jauría negra o un grupo de lobos marinos desesperados; sus trajes pegados al cuerpo los hermana y por momentos se vuelven uno, una mancha.
Chapotean, se trepan a las tablas, caen, uno se levanta y logra permanecer de pie sobre ella por unos instantes, los otros lo festejan. Roberto casi no interviene, ellos deben aprender así, caída y nuevo intento.
Unos metros más atrás, un par de surfistas con más experiencia se trepan a una ola que cae en picada trayéndolos hacia la costa de piedras.
Está nublado y frío; el cielo y el mar son una plancha de acero indiferenciada; una sola, como ellos. Hay una bruma sutil sobre el mar que pareciera distinguir a los novatos de los más expertos, pero aun así todos ellos están aprendiendo. Y aunque Roberto casi no interviene no les quita los ojos de encima.
Una escuela al aire libre, eso es hoy esta playa limeña. Y Roberto Meza es su director.
Desde hace 16 años se levanta a primera hora, recibe a sus grupos en la costa, los alienta, aconseja, enseña, da instrucciones y luego los suelta para que pongan en práctica toda la sabiduría surfer, que no es poca.
Y ellos van, con confianza, atravesando las piedras y la rompiente, esperando las olas que los lleven de vuelta a la costa, se dejan golpear por ellas y no temen caerse en mil intentos porque no hay riesgo ni amenaza natural que pueda romper el encanto de domesticar el mar.
Fuente: CNN
Sofía Mulanovich campeona mundial de surf