Cultura e Historia de Perú

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jueves, 5 de febrero de 2009

El nuevo enemigo de la tribu de los Jíbaros en la selva peruana


Ni el imperio Inca ni el español pudieron someter a los awajún, descendientes de los feroces guerreros jíbaros. Pero ahora, el pueblo awajún, la etnia más numerosa de la amazonia peruana, teme perder la batalla en contra de la explotación minera de sus territorios.

La frontera entre Perú y Ecuador transcurre sinuosa por las altas cumbres de la Cordillera del Cóndor, territorio sagrado awajún donde sobrevive uno de los últimos bosques nubosos tropicales de América. Kumpanan ('cerro poderoso') es uno de sus picos, dios padre de los relámpagos y dueño del aire y el agua. Por eso, los jóvenes guerreros awajún caminan 5 días hasta sus cascadas o 'tunas' para sumergirse bajo sus aguas y obtener valiosas visiones para su pueblo.

Pero en el cerro de Kumpanan hay oro, plata y cobre, como en gran parte de estas montañas. Su extraordinaria riqueza ha sido la culpable de tres guerras fronterizas entre Perú y Ecuador, la última de ellas en 1995. Jóvenes awajún fueron llevados al conflicto como guías de las tropas peruanas y haciendo honor a su estirpe vertieron su sangre en defensa de su territorio. Tras la guerra, el 'Plan Binacional Perú-Ecuador' dictaminó la creación de un parque en las montañas de la discordia, ahora sembradas de minas antipersona. El objetivo era proteger una biodiversidad única que justificaría bautizar a la Cordillera del Cóndor como el último paraíso de las flores.

Las comunidades indígenas awajún y wampis del río Cenepa, habitantes ancestrales de estas tierras, acordaron con el Instituto Nacional de Recursos Naturales convertir las 155 mil hectáreas de sus montañas en un parque nacional bautizado como Ichikgat Muja ('Árbol de la Montaña' en awajún). Pero inexplicablemente, en 2007 sólo 88 mil de las hectáreas proyectadas fueron declaradas por el gobierno reserva nacional argumentando razones de interés público. Entre estas razones, la principal era salvaguardar las concesiones mineras vendidas desde el gobierno de Fujimori.


El Ministerio de Energía y Minas defiende la tesis de 'fronteras vivas'. Pero paradójicamente, para conseguir fronteras vivas en vez de fomentar la presencia del Estado promueve como una necesidad pública la inversión de la gran minería, altamente contaminante. En la cordillera del Cóndor, minera Afrodita posee 6 concesiones que suman 5000 hectáreas. El Estado ha otorgado a esta empresa todas las facilidades, llegando incluso a permitir que sus trabajadores se alojen en un puesto militar fronterizo.

Les declaran la guerra
Nadie consultó a la comunidad awajún de Huampami, capital del Cenepa y con derechos ancestrales en estas tierras, para realizar exploraciones mineras en sus territorios sagrados. Por eso, hace unas semanas el nombre de esta comunidad saltó a los titulares por secuestrar a una expedición de 7 trabajadores de la minera Afrodita que habían ingresado a su territorio sin pedir permiso, requisito contemplado en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo y la Declaración de derechos indígenas de Naciones Unidas, de las que Perú es firmante.

"Nosotros vivimos en la zona mucho antes de que existiera la República del Perú", cuenta en awajún Bernabé Yampis Ucuncham, apu (jefe) de la comunidad de Shaim, la más cercana a las concesiones mineras. "Nuestros antepasados están enterrados ahí. Kumpanan purifica nuestro aire y nuestra agua", cuenta durante una asamblea indígena convocada con urgencia por la gravedad del conflicto minero. "Ellos van a sacar el oro, luego se irán y nosotros también tendremos que hacerlo: habrán contaminado el agua y acabado con los árboles".


En Huampami saben que su selva y sus vidas no valen más que el oro. Se sienten incomprendidos por el gobierno y por eso han decidido declarar la guerra a las mineras. "Nos llaman 'perros del hortelano' porque no producimos y no dejamos producir –dice a su turno en la asamblea Marcelino Juwan, poblador de Huampami–. Nosotros producimos, pero creemos que producir no significa destruir nuestros bosques".

"La selva no se vende, la selva se defiende" es el lema de los pueblos indígenas de Perú, consigna entonada durante la revuelta indígena de agosto del 2008. Tras 13 días de protestas que paralizaron el oriente del país, el pueblo Awajún y Wampis logró la abolición de dos decretos legislativos que vulneraban sus derechos territoriales.

"Para el gobierno el territorio es riqueza, pero para nosotros, que comemos los animales del monte y bebemos el agua de los ríos, es nuestra vida", defiende Zebelio Kayap, presidente de la Organización de Desarrollo de las Comunidades Fronterizas del Cenepa. "Si se destruye a Kumpanan, nosotros moriremos también. Por eso pedimos que se revoquen todas las concesiones otorgadas por no haber respetado nuestro derecho a la consulta previa".

Esta vez los trabajadores mineros fueron liberados. "Nunca más voy a permitir que los mineros entren a trabajar a la cordillera del Cóndor", anuncia la joven lideresa awajún Florencia Yampís. "Si lo hacen les soltaré a mis perros". Pero, los perros a los que se refiere Florencia no son los perros comunes. Son los reservistas, los soldados awajún que combatieron en la última guerra del Cenepa.

BEATRIZ JIMÉNEZ
Fuente: diario El Mundo de España -
www.elmundo.es

1 comentario:

Gr...O...Vr... dijo...

un buen trabajo amigo ps felicitaciones!!!...el gobierno es lo q no entiende la realidad de los hermanos awajun y wampis y es x eso kiere entrar ilegalmente destruyendo toda la selva amaznonica conocida como la cuna de la riqueza sin darse cuenta q los hermanos son los q mas sufren y q el gobierno esta ahi sentado en su silla y no sabe las necesidades de estos nativos...me gustaria q hagas llegar todas las informaciones esenciales tanto del rio cenepa, rio santiago y rio nieva en esos 3 rios habitan los hnos.awajun y wampis. la selva no se vende, la selva se defiende!!!

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